jueves, 14 de julio de 2011

Marco conceptual de la rehabilitación (I)

Para ser eficaz, la rehabilitación debe superar las barreras precedentemente indicadas. Por tanto, lejos de limitarse al restablecimiento de la capacidad auditiva, en la labor de rehabilitación se deben abordar igualmente las cuestiones asociadas a la percepción de las dificultades auditivas por los afectados y por su entorno. La estigmatización de la sordera es el mayor obstáculo a la rehabilitación (Hétu y Getty 1991b; Hétu, Getty y Waridel 1994) y debe ser el objetivo central de todo el proceso. Por consiguiente, para ser eficaz, la actuación debe dirigirse tanto a los

trabajadores estigmatizados por la sordera como a su entorno familiar y de amigos y compañeros, y a las demás personas que se relacionan con el afectado, pues son ellos quienes producen el estigma y quienes, por ignorancia, someten a la persona a unas exigencias imposibles. Específicamente, es preciso crear un entorno que permita al afectado salir de su círculo vicioso de pasividad y aislamiento, así como formular soluciones efectivas a sus dificultades de audición. Estas medidas deben ir acompañadas de la sensibilización del entorno a las necesidades concretas de los damnificados. Este proceso se fundamenta en el enfoque ecológico de la incapacidad y la minusvalía que se ilustra en la Figura 17.3.
Según el modelo ecológico, la pérdida auditiva se define como una disparidad entre la capacidad residual de una persona y las exigencias físicas y sociales del entorno. Por ejemplo, los trabaja- dores afectados por una pérdida de la capacidad de discrimina- ción de frecuencias resultante de una dificultad auditiva inducida por el ruido tienen dificultad para percibir las alarmas acústicas instaladas en los lugares de trabajo con altos niveles de ruido. Si esas señales acústicas de alarma no se gradúan en un nivel sensiblemente superior al necesario para las personas con una capacidad auditiva normal, quedan en una situación desventajosa (Hétu 1994b), al verse privados de un medio de protección. Sin embargo, el simple hecho de reconocer la pérdida auditiva entraña para el trabajador el riesgo de ser considerado “anormal” por sus compañeros y, si se le coloca la etiqueta de discapacitado, experimenta el temor de que aquéllos y sus superiores le tachen de incompetente. En cualquier caso, el trabajador procura enmascarar su minusvalía o, sencillamente, se niega a reconocer el problema, con lo que se coloca en una situación desventajosa en el trabajo.

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