martes, 31 de marzo de 2009

Programas de promoción de la salud: Los supuestos y el debate

Los supuestos en los que se basan generalmente las actividades desarrolladas en el lugar de trabajo para promover cambios en el estilo de vida de los trabajadores son:
(1) que las decisiones que toman los trabajadores en el día a día sobre su estilo de
vida en cuanto al ejercicio físico, la alimentación, el tabaco y el control del estrés tienen un efecto directo en su estado de salud presente y futuro, su calidad de vida y su rendimiento en el trabajo, y (2) un programa patrocinado por la empresa para promover cambios positivos en el estilo de vida, administrado por personal a tiempo completo, pero voluntario y abierto a todos los trabajadores, alentará a estos últimos a introducir cambios positivos en su estilo de vida suficientes para mejorar tanto su estado de salud como su calidad de vida (Nathan 1985).


Hasta donde puede llegar la empresa en su intento de modificar una conducta, como el consumo de drogas fuera del horario de trabajo, o una condición como el exceso de peso, que no afecta directamente a los demás ni al rendimiento del propio trabajador? En las actividades de promoción de la salud, las empresas se comprometen a reformar aquellos aspectos del estilo de vida de los trabajadores que son o se perciben como perjudiciales para su salud. En otras palabras, la empresa puede convertirse en un agente del cambio social. Puede incluso convertirse en el inspector sanitario con respecto a aquellos

procesos que se consideran favorables o perjudiciales para la salud y aplicar medidas disciplinarias con el fin de mantener a los trabajadores en un buen estado de salud. Algunas empresas imponen restricciones específicas que prohíben a los trabajadores rebasar ciertos límites de peso. Pueden introducir incentivos especiales, como la reducción de las primas del seguro u otras prestaciones para los trabajadores que cuiden su salud, especialmente a través del ejercicio. Pueden formular políticas para animar a algunos grupos de trabajadores, como los fumadores, a abandonar hábitos perjudiciales para su salud.
Muchas empresas afirman que no tienen la intención de inmiscuirse en la vida privada de sus trabajadores, sino que tan solo intentan influir en ellos para que se comporten de forma razonable. Sin embargo, se plantea la cuestión de si las empresas deben intervenir en un área que pertenece al ámbito de la conducta privada. Quienes se oponen a esta idea piensan que estas actividades constituyen un abuso de poder por parte de la empresa, y rechazan no tanto la legitimidad de las propuestas como la motivación paternalista y elitista que se esconde tras ellas. Los programas de promoción de la salud pueden calificarse también de hipócritas cuando la empresa no introduce cambios en factores relacionados con la organización que afectan a la salud de los trabajadores y su motivación principal es la reducción de gastos.

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